Un beso sabor poesía.
En medio de todo, a pesar de odiarla cada día y cada noche de su existencia, ya se había acostumbrado a ella, la soledad se había convertido en un ser que la acompañaba en sus momentos de reflexión y con el pasar de los días sentía que se volvía adicta a algo que le hacía daño inconscientemente. Se había acostumbrado y convencido al mirarse al espejo que a las personas como ella, les conviene más estar solas. Pero, ¿cómo era ella?¿ Por qué se empeñaba en diferenciarse de lo demás?, con el tiempo, estaba creando un monstruo frente al espejo, una imagen quizá errónea de si misma, la ironía de mirar un espejismo frente al espejo. Sin embargo, en aquellos momentos no había tiempo para lamentarse, aquella era su vida y a sus 18 años de vida, se había convencido por completo que su destino estaba escrito y que su “amiga” la soledad, viviría siempre con ella… Hasta que lo conoció.
Era la primera vez que se fijaba en alguien como él, era la primera vez que alguien como él se fijaba en ella, y era inverosímil, quizá por la naturaleza de sus almas, por ser tan distintos, tan lejanos el uno del otro. Almas solitarias (en el ámbito romántico), amantes de la literatura, de los gatos, escritores, sin embargo, sus perspectivas se perdían en horizontes lejanos, tomaban rumbos desiguales y aun así, se encontraron, e ignorando completamente la imposibilidad de tener algo juntos y la existencia de un fracaso latente, lo intentaron. Y ella, minuto a minuto se fue envolviendo en sus letras, en su voz, en su timidez, en su silencio, y sin darse cuenta, le gustó.
Soñaba con él en repetidas ocasiones, desde la primeras veces que lo vio, hasta las ultimas. Supo desde aquel primer sueño que aquella casualidad iba a marcar de alguna manera su vida, quizá para mal, quizá para bien, no obstante se encontraba dispuesta a correr el riesgo, a asumir las consecuencias de un acto arriesgado, pues, por alguna razón desconocida, se sentía inevitablemente atraída hacía él, se había convertido en una relación, (si se le puede llamar así) más etérea, emocional, una complicidad inconsciente entre ambos, una historia únicamente mutua, cuyo significado no descifraban y se enfrascaban en eternos debates que abarcaban gran parte de la noche, tratando de buscar un futuro, una luz, un horizonte.
Se trataba de la misma situación una y otra vez, repitente, constante en un mundo donde ella finalmente no se adaptada, no era apta para el aspecto del amor, no se sentía segura y al parecer, él tampoco.Y lo odiaba, lo odiaba por hacerle creer que había encontrado alguien en el mundo que la aceptaba así, loca, insegura, perdida… Y se buscaba desesperada, con la mirada taciturna, el alma llena de cansancio y un rencor enclaustrado en lo más profundo de su alma. Por que al final resulto que no, que la duda de él hacía ella, era insaciable, inevitable, que el miedo a dejar su preciada soledad era imposible de abandonar, se dejó llevar por la cobardía de lanzarse hacía el vacío con el riesgo de perderlo todo o de ganar algo que en épocas como estas es complejo de encontrar, y entonces, decidió desaparecer, pronunciando frases contradictorias, ambiguas, y difusas, dejándola sin armas, sin fuerzas.
La escena era la misma, fumaba en la terraza, al atardecer su sombra se dibujaba en el suelo y el aroma del cigarrillo llegaba hasta ella. De repente volteo y con su mirada escudriñándola, se acercó, le dijo que debían hablar, él lanzó el cigarrillo al piso, lo aplasto con el zapato. Con indiferencia se alejó, como si ella fuera una imagen invisible, un objeto más del paisaje y ella quedo taciturna mirando hacia el horizonte intentando descifrar por qué se iba, por qué huía, meditando “¿Y si lo pensamos demasiado?”. Esperó paciente que algo la despertara, sin embargo el sol se ocultaba, el tiempo pasaba y así, acepto con resignación que esta vez no era uno de sus sueños ni pesadillas, era real, existente e innegable, él había desparecido, todo había llegado a su final.
Esa misma tarde, buscó uno de sus libros, escribió una nota para él, era su manera de despedirse, de decirle adiós, de darle su ultimo aliento a aquello que acaba sin haber empezado...Y volvió a lo mismo: quedarse sentada frente al espejo preguntándose ¿Esto es lo que merezco? Era inevitable no sentir frustración por algo que pudo ser y no fue, y al final, resignada, se quedó dormida guardando en lo más profundo de sí el deseo oculto de un beso sabor poesía, de un beso sabor a él.
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