La libreta

A mí solo me bastaba con saber que usaba la libreta azul, la que tenía el ancla, solo me bastaba saber eso, para sentir que escribía sobre mí, que no me había desechado del todo, me bastaba con saber que algo nuestro vivía  y que era su lienzo oculto, que era un secreto mutuo.

Lo imaginé leyendo, anotando sus ideas compulsivamente con la mirada perdida en las hojas;
poseído por fuerzas desconocidas y con los pensamientos ajenos a su realidad cercana. Imaginé sus manos grandes y morenas tomar la libreta azul clarito, la que le había regalado, la que tenía un azul demasiado brillante para una personalidad tan oscura como la suya. Imaginé que tomaba su micropunta negro y escribía con su mano izquierda todas esas ideas que quedaban encriptadas bajo una letra temblorosa y abstracta.

Sí, me gustaba sentir que un pedacito de mí lo acompañaba en sus aventuras literarias. Me preguntaba sí aun tendría algo de mi esencia, mi olor, mis letras curvas y regordetas, mis dedicatorias, los recuerdos de  un amor exagerado que siempre se me desborda en las paginas blancas.

Me preguntaba sí sus reflexiones sobre Pavese, Bolaño, Dickens, Wolf o Kafka, se habrían contagiado de la nostalgia que suponía ese ultimo regalo para un amor que estaba a punto de morir.

Al final no importaba si lo  había quemado todo, si los rastros de un sentimiento tan intenso, tuvieron que ser sacrificados en su terca necesidad por acabarme. No importa porque ni siquiera los años han podido acabar con una historia marcada por las primeras veces y la manera tan inocente de formarnos.

No importaba nada porque al atardecer, se sentaría en su escritorio, en algún café, en la banca del parque, en los bordes de ladrillo, y se fumaría un cigarrillo, un piel roja; sacaría de su mochila el libro de turno, uno cualquiera, de cualquier género y cualquier autor que lo hubiera atrapado; y no interesaría el tiempo, pues lo deboraría de a pocos, luego se tomaría un tinto y sacaría la libreta azul, el único recuerdo mío tangible y material que le queda y sin saberlo escribiría sobre mi cuerpo.

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