Sobre amores a destiempo
Él siempre se burlaba de mí cuando le decía que nos habíamos conocido en el peor momento de nuestras vidas, siempre se reía porque decía que yo tenía una pensamiento muy de "comedia romántica" y tenía razón, por supuesto, pero nunca me creyó, o al menos eso creo, cuando le decía que el destino nos había jugado una muy mala pasada al cruzarnos en ese instante, ese día.
Creo que era demasiado insensible para ese tipo de pensamientos, no sé quizás sólo era racional para las relaciones amorosas o era desapegado, algo que a nosotros, los románticos, nos hace falta para evitarnos sufrimientos innecesarios.
Tal vez dos años años antes, tal vez unos meses después, tal vez cuando él pudiera sentarse a hablarme de sus sueños y yo pudiera cumplirle sus fantasías. Tal vez, no sé, cuando él estuviera dispuesto a ver más allá de mi falda de cuero y yo, por mi lado, no tuviera tanto miedo de entregarle nuevamente mi cuerpo a alguien más.
O simplemente antes de que alguno de los dos hubiera elegido a las personas con las que quería compartir su camino.
Sin embargo, llegaste muy tarde a mi vida.
Es inevitable no preguntarse por qué, por qué ahora, por qué así, por qué contigo y por qué de esta manera. Por qué tus ojos se posan sobre mí y sin ni siquiera tocarme me hacen temblar, por qué cuando rozas tu piel con la mía salen chispas y por qué me sentí tan conectada a ti desde el primer segundo, sin la necesidad de conocerte más a fondo.
Quisiera creer que si el destino fuera bueno con aquellos que tenemos la sed visceral de este tipo de historias y amores, te hubiera cruzado conmigo en otro momento, en uno donde me eligieras para servirme café en las mañanas y enseñarme a entender los sabores que esconde, donde quisieras bailar a mi ritmo y odiar la música que me gusta, donde me dieras besos que valen oro, donde sonrieras junto a mí las noches de domingo y pudiéramos seguir viendo obras que salen mal.
Pero no, el destino juega con nosotros, se divierte viéndonos hacer peripecias para lidiar con sus designios, así que no, este es no es el momento y nunca lo será.
Creo que era demasiado insensible para ese tipo de pensamientos, no sé quizás sólo era racional para las relaciones amorosas o era desapegado, algo que a nosotros, los románticos, nos hace falta para evitarnos sufrimientos innecesarios.
Tal vez dos años años antes, tal vez unos meses después, tal vez cuando él pudiera sentarse a hablarme de sus sueños y yo pudiera cumplirle sus fantasías. Tal vez, no sé, cuando él estuviera dispuesto a ver más allá de mi falda de cuero y yo, por mi lado, no tuviera tanto miedo de entregarle nuevamente mi cuerpo a alguien más.
O simplemente antes de que alguno de los dos hubiera elegido a las personas con las que quería compartir su camino.
Sin embargo, llegaste muy tarde a mi vida.
Es inevitable no preguntarse por qué, por qué ahora, por qué así, por qué contigo y por qué de esta manera. Por qué tus ojos se posan sobre mí y sin ni siquiera tocarme me hacen temblar, por qué cuando rozas tu piel con la mía salen chispas y por qué me sentí tan conectada a ti desde el primer segundo, sin la necesidad de conocerte más a fondo.
Quisiera creer que si el destino fuera bueno con aquellos que tenemos la sed visceral de este tipo de historias y amores, te hubiera cruzado conmigo en otro momento, en uno donde me eligieras para servirme café en las mañanas y enseñarme a entender los sabores que esconde, donde quisieras bailar a mi ritmo y odiar la música que me gusta, donde me dieras besos que valen oro, donde sonrieras junto a mí las noches de domingo y pudiéramos seguir viendo obras que salen mal.
Pero no, el destino juega con nosotros, se divierte viéndonos hacer peripecias para lidiar con sus designios, así que no, este es no es el momento y nunca lo será.
Comentarios
Publicar un comentario