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El amor de nuestras vidas.

  El amor de la vida no es ese que dura toda la vida, si no ese que nos marca para bien, toda la vida Tal vez soy muy “chapada a la antigua” o vi demasiadas películas de Disney cuando pequeña, no lo sé, pero creo que uno siempre que ama, debe amar con todo el corazón. Ok, sí, sé que soy cursi en exceso, que vivo en las nubes la mitad del tiempo pero tampoco es que busque un príncipe azul, me gusta el amor real, con errores, con defectos y sé que somos pocos los que tenemos la suerte de encontrar a alguien a quien amamos y que nos ama sin pretensiones, con intensidad y con fuerza, a pesar de nosotros mismos. La mayoría de las personas cree que el amor de la vida es el que dura para siempre, ese es que largo y duradero y no muere nunca. Al menos eso es lo que nos venden las películas, a veces algunos libros. Yo creo que no es así, creo que el amor de la vida es ese que es tan intenso que el recuerdo es el que dura para siempre. La supuesta “alma gemela” no es necesariamen...

De dudas y certezas

A veces me pregunto por qué cuando algo malo sucede, es como sí se iniciara un efecto dominó, se cayeran una a una las fichas que antes parecían firmes ante cualquier contratiempo.  Parece que uno contara un tiempo delimitado para ser feliz, para encontrarse a uno mismo y estar en la cima, amar, tener sexo, ser exitoso, ver los días y las noches con un velo de arco iris y absoluta felicidad. Pero luego todo acaba, los castillos se derrumban, las pesadillas y los miedos regresan, y todo, de un día para otro comienza a fallar.  Ahora hay tormenta en mi cuarto, llueve y me inundo, me ahogo, mis gritos son silenciados por la cotidianidad de los nuevos días. La vida nunca para.  La gente dice que va a pasar, que después habrá sol radiante y hasta sequías, sin embargo, yo me siento sumida en un huracán, en uno de esos que arrazan con todo lo que se les cruza en el camino, y solo dejan escombros. Quienes nos salvan de los abismos, muchas veces tendrán el poder de hundirnos...

Sin alma y sin sentido

A usted se le ocurrió dejarme cuando más lo necesitaba. Cuando el cielo que había construido durante años se derrumbaba a pedazos. Se le ocurrió dejarme cuando no había piso, ni techo. Cuando ya había perdido todo y pedía a gritos una salvación. Se le ocurrió dejarme cuando, perdida en el laberinto de mi absurda existencia, era usted la brújula que guiaba mi camino.  Se le ocurrió dejarme justo en el instante en el que lo creí perfecto y real, en el momento en el que nuestros sexos se entremezclaban en actos sublimes y nuestros besos y alegrías derramaban ternura. Y ahora, mientras mi boca busca en vano sus labios colmados de rebeldía, de distancia y de nostalgia, Usted busca algo que no conoce. Busca en una perra oscura aquel vicio de  soledad y tristeza poética  que no encontró conmigo,  busca desesperación y desasosiego. Y  aunque yo este rota, como el cristal que es arrojado al suelo desde lo alto, es usted el que da lástima, pues en las letras intenta ...

Las palabras que la droga se llevó.

Escrito en colaboración con María Camila González. “No me pesa haber conocido la calle, pero no se la deseo a nadie” afirma. Y luego su mirada se pierde en el atardecer bogotano que cae sobre  la plaza de bolívar. Sus rasgos desgastados y  sucios, reflejan el sufrimiento que significa vivir en la calle, el único lugar que si bien es gratis (hablando en términos de dinero) suele ser cobrado con algo de mayor trascendencia: la vida y la dignidad. Y confiesa, con tristeza,  que aquel es su más grande temor. La calle y la intemperie,  se han convertido en el monstruo de un pasado con el que vive a diario en  una habitación ubicada a unas cuadras de la plaza y que le cuesta 12 mil pesos semanales. Carlos Eduardo Rodríguez es el hombre que se ha dedicado a narrar la historia de Colombia a cientos de turistas que transitan a diario por el barrio la candelaria. Su historia, como la de muchos de los habitantes de la calle, ha sido forjada a partir de malas decis...

¿Pertenecer o no pertenecer?

¿Y si uno nunca pierde a una persona?. Un ser humano jamás pertenece, es libre, libre de nosotros y nuestros deseos egoístas y posesivos de enclaustrarlo en lo que llamamos "propio". Es probable que aquello que perdemos, si es que es perdemos algo, es la esencia de ese ser considerada como nuestra, aquello que fue compartido hacia nosotros Y por consiguiente, al perderlo, sintamos que perdemos aquello que no es nuestro, porque nuestro subconsciente sabe que nunca nos perteneció, por lo menos no de manera completa. Quizá,lo único que nos haya pertenecido sea su cariño. Su cariño hacia nosotros, el cariño que esa persona sintió es meramente nuestro y su recuerdo no se va, ni deja de pertenecernos, incluso cuando la persona ya no esta.

Un beso sabor poesía.

En medio de todo, a pesar de odiarla cada día y cada noche de su existencia, ya se había acostumbrado a ella, la soledad se había convertido en un ser que la acompañaba en sus momentos de reflexión y con el pasar de los días sentía que se volvía adicta a algo que le hacía daño inconscientemente. Se había acostumbrado y convencido al mirarse al espejo que a las personas como ella, les conviene más estar solas. Pero, ¿cómo era ella?¿ Por qué se empeñaba en diferenciarse de lo demás?, con el tiempo, estaba creando un monstruo frente al espejo, una imagen quizá errónea de si misma, la ironía de mirar un espejismo frente al espejo. Sin embargo, en aquellos momentos no había tiempo para lamentarse, aquella era su vida y a sus 18 años de vida, se había convencido por completo  que su destino estaba escrito y  que su “amiga” la soledad, viviría siempre con ella… Hasta que lo conoció. Era la primera vez que se fijaba en alguien como él, era la primera vez que alguien como él...